Bloom Classroom amplía su oferta educativa en la High Road School de Delaware

La High Road School de Delaware ha ampliado su oferta educativa este curso escolar con la incorporación de un aula «Bloom», un modelo especializado para alumnos de secundaria de hasta 22 años con autismo grave, discapacidades cognitivas y necesidades de desarrollo relacionadas.
Actualmente, el aula acoge a seis alumnos. Cada alumno cuenta con apoyo individualizado por parte del personal, y el equipo del aula está formado por la profesora de educación especial Melissa Fuentes y un analista conductual certificado (BCBA). Bloom se diferencia de las demás aulas del centro tanto en su estructura como en su enfoque, ya que combina la formación académica con un trabajo intensivo en comunicación, conducta, habilidades para la vida diaria e independencia a lo largo de toda la jornada.
Apoyo individualizado en el aula de Bloom
Los alumnos del aula de Bloom pueden tener una comunicación verbal limitada o nula, y se benefician de un entorno muy estructurado con rutinas constantes, apoyos sensoriales y estrategias individualizadas. Para Fuentes, eso significa conocer no solo las necesidades académicas de cada alumno, sino también cómo se comunican, qué les puede abrumar y qué les ayuda a participar con éxito.
«Trabajamos en estrecha colaboración con cada alumno para averiguar cómo podemos apoyarle mejor», afirmó Fuentes. «Queremos aprovechar lo que aprenden aquí y ayudarles a ponerlo en práctica en casa y en la comunidad».
Desarrollo de habilidades académicas y para la vida cotidiana
Los alumnos van pasando por bloques lectivos de 20 minutos a lo largo del día, trabajando de forma individual y en pequeños grupos en función de sus capacidades y necesidades. Las materias académicas forman parte del horario, pero también lo son las habilidades que podrán aplicar mucho más allá del aula.
Los alumnos practican cómo seguir recetas, cocinar y realizar tareas de higiene personal, como lavarse las manos. Un piso de simulación les ofrece un espacio para aprender tareas domésticas, como hacer la cama, lavar la ropa y doblarla.
Apoyo a la comunicación con dispositivos de CAA
La comunicación es otro de los aspectos fundamentales. Algunos alumnos de Bloom no se comunican verbalmente y utilizan dispositivos de comunicación aumentativa y alternativa (CAA). El personal muestra cómo se utilizan estos dispositivos durante las clases y anima a los alumnos a utilizarlos para comunicarse con adultos y compañeros, ayudándoles así a desarrollar una forma fiable de expresarse.
Puesta en práctica de las habilidades en distintos entornos
El programa incorpora estrategias basadas en el Análisis Conductual Aplicado, entre las que se incluyen el entrenamiento por ensayos discretos y la enseñanza en el entorno natural. Los alumnos también participan en actividades motrices y en actividades de aprendizaje en la comunidad, lo que les brinda la oportunidad de practicar sus habilidades en diferentes entornos.
Una visita al acuario, por ejemplo, puede ayudar al personal a observar cómo se desenvuelven los alumnos en situaciones como cruzar una calle de forma segura, controlar el volumen de su voz o mantener una distancia adecuada con respecto a los demás.
Uso de la estructura, los apoyos sensoriales y el refuerzo
El trabajo varía según cada alumno y, a veces, de un día para otro. Fuentes y su equipo prestan mucha atención a todo aquello que pueda afectar a la capacidad de participación de un alumno, desde los estímulos sensoriales en el aula hasta los cambios en la rutina.
Los horarios visuales, los descansos y los sistemas de refuerzo individualizados pueden ayudar a los alumnos a saber qué esperar y a mantener la atención.
Reconocer el progreso en los momentos cotidianos
El progreso puede adoptar muchas formas. Fuentes ha visto cómo un alumno que antes tenía dificultades para permanecer sentado ha ido consiguiendo, poco a poco, trabajar entre 20 y 30 minutos seguidos. Otro alumno se siente cada vez más cómodo utilizando un dispositivo de comunicación aumentativa y alternativa (CAA). Para otros alumnos, el progreso puede consistir en levantar la mano, saludar a alguien o despedirse de forma adecuada. Esos momentos son una parte importante de lo que atrajo a Fuentes a este trabajo.
Su vínculo con la educación especial es personal. El hijo de Fuentes no hablaba hasta los tres años. Recuerda que deseaba oírle decir «mamá» y que le gustaría que pudiera decirle cuándo tenía hambre o estaba cansado. Esa experiencia fue, en última instancia, lo que la llevó a dedicarse a la enseñanza de alumnos con autismo.
«Quiero ser el tipo de profesor que me gustaría que tuviera mi hijo», afirmó Fuentes.
Ser madre también ha influido en su forma de trabajar con las familias. Fuentes sabe lo que es sentarse al otro lado de la mesa durante una reunión del IEP, y se esfuerza por destacar los aspectos positivos que ve en cada niño cuando se comunica con las familias.
Para Fuentes, algunos de los indicios más importantes de crecimiento se producen cuando un alumno empieza a confiar en las personas que le rodean, recurre a un miembro del personal cuando se siente frustrado, pide ayuda o reconoce cuándo es el momento de utilizar la sala sensorial o una estrategia de afrontamiento.
«Esos pequeños momentos en los que ves que lo que enseñas está marcando la diferencia, esos son los momentos importantes para mí», afirmó.





