Valerie Quackenbush, de High Road, se jubila tras 41 años de servicio

Valerie Quackenbush deja un legado imborrable
Tras 41 años dedicados a la educación, Valerie Quackenbush, a quien sus alumnos conocen cariñosamente como «Ms. Quack» o «Quack», se jubilará este mes de junio, cerrando así el capítulo de una extraordinaria carrera dedicada a la enseñanza. De esas cuatro décadas, la última la pasó en la High Road School de Germantown, donde se convirtió en una figura muy querida y respetada.
A lo largo de su carrera, Quackenbush impartió una amplia variedad de asignaturas, pero durante su etapa en Germantown se dedicó exclusivamente a la enseñanza del inglés a alumnos de 6.º a 12.º curso. Trabajó principalmente en aulas con alumnos de diferentes edades y cursos. Allí, asumió con entusiasmo los retos y las satisfacciones que conlleva atender necesidades académicas, emocionales y de comportamiento muy diversas. En varios casos, fue profesora de los mismos alumnos durante muchos años, viendo cómo algunos pasaban de ser estudiantes de secundaria a graduarse en el último curso.
Su dedicación y talento fueron reconocidos en repetidas ocasiones, ya que recibió el premio a la Profesora del Año en tres ocasiones: en 2018, 2024 y 2026. Estos galardones reflejan su profundo compromiso con el desarrollo de sus alumnos, tanto en su faceta de estudiantes como en su faceta personal.
Una carrera basada en la creatividad y las relaciones
La pasión inicial de Quackenbush era la escritura, pero se pasó a la enseñanza al principio de su carrera. Al principio le atraía la idea de una profesión «ideal para el verano» que le permitiera disponer de tiempo para escribir y pasar los veranos en la costa de New Hampshire, donde creció. Sin embargo, no tardó mucho en que la enseñanza se convirtiera en algo mucho más que una elección práctica. Tras su primer puesto en un programa bilingüe de transición en Massachusetts, se involucró profundamente con sus alumnos y su éxito. Trabajó con estudiantes de una amplia variedad de orígenes culturales. La enseñanza se convirtió rápidamente en su vocación de por vida.
Con el objetivo de atender mejor a sus alumnos, Quackenbush obtuvo su titulación en educación especial. Se dio cuenta de que muchos de sus alumnos de inglés como segunda lengua (ESL) también necesitaban apoyo adicional. Esta ampliación de sus conocimientos le permitió atender mejor, con empatía y comprensión, a un grupo de alumnos único y a menudo ignorado.
La creatividad siempre ha sido un sello distintivo del estilo docente de Quack. Sus clases solían comenzar con juegos, proyectos prácticos y experiencias interactivas, y a veces los alumnos no se daban cuenta hasta después de lo mucho que habían aprendido. Adoptó la tecnología como una potente herramienta para fomentar la participación e incorporó recursos digitales a sus clases. También enseñaba vocabulario a través del hip hop y el aprendizaje basado en el ritmo, combinando pistas contextuales, música y elementos que facilitaban la memorización. A lo largo de los años, su aula evolucionó al ritmo de la tecnología. Las actividades pasaron de ser juegos con fichas y búsquedas del tesoro a juegos interactivos de vocabulario y repaso basados en el ordenador. A lo largo de esos cambios, la conexión con los alumnos siguió siendo el eje central.
Crear un espíritu de comunidad en el aula
Una de las partes más queridas de su clase era Freddie, la mascota de la clase, a quien también llamaban cariñosamente «Baby Yoda». Freddie se convirtió en un miembro importante de la comunidad del aula, ofreciendo consuelo y tranquilidad a los alumnos que lo necesitaban. Muchos alumnos se sentían reconfortados con solo cogerlo en brazos, y solía aparecer en las fotos de clase. El vínculo que los alumnos establecieron con Freddie fue algo que Quackenbush nunca esperó, pero que valoró profundamente.
Cuando se le pregunta qué la ha mantenido en el mundo de la educación durante más de cuatro décadas, Quack no destaca grandes momentos ni historias de éxito espectaculares, sino más bien pequeñas victorias: un alumno que progresa, que asume la responsabilidad de su comportamiento, que escribe por primera vez en su diario o que descubre una confianza en sí mismo que no sabía que tenía. Ver cómo un alumno pasa de apenas reconocer las letras a leer con seguridad textos complejos sigue siendo una de las partes más gratificantes de su trabajo.
Su filosofía docente se centraba en la comunidad, la alegría y la humanidad. A menudo cuestionaba la mentalidad tradicional de «no sonreír hasta diciembre», ya que creía que la risa, la conexión y los momentos compartidos son ingredientes esenciales para un aprendizaje significativo. Crear una comunidad en el aula en la que los alumnos se sintieran acogidos, valorados y apoyados fue siempre un aspecto fundamental de su enfoque.
A lo largo de su carrera, Quackenbush calcula que ha dado clase a cerca de 1 000 alumnos, muchos de los cuales han mantenido el contacto con ella a lo largo de los años. Sigue celebrando sus logros y viendo cómo sus antiguos alumnos se convierten en adultos productivos y realizados.
De cara a la jubilación
De cara a su jubilación, Quackenbush está encantada con la libertad de poder viajar fuera de los periodos de vacaciones escolares. Ya ha reservado un crucero para octubre, al que llama cariñosamente su viaje «solo porque puedo». La jubilación también le permitirá pasar más tiempo con su familia.
Aunque no echará de menos madrugar, Quackenbush afirma que echará mucho de menos el contacto con sus alumnos, las conversaciones diarias, las risas e incluso la divertida confusión de los alumnos nuevos al oír a sus compañeros «cuacearle» en los pasillos.
Al reflexionar sobre su legado, Quack espera que se la recuerde como alguien exigente porque se preocupaba por la educación, el crecimiento personal y el futuro de sus alumnos más allá del aula.





