Cómo fomento un aula inclusiva como profesor novel

Un veterano militar que se sintió atraído por la enseñanza comparte sus experiencias como educador negro y modelo para los niños.
Puntos clave:
- Ser un buen profesor no se limita a lo académico: hay que comprender las dificultades específicas de los alumnos.
- Los alumnos prosperan cuando ven a educadores que se parecen a ellos, especialmente cuando ese educador irradia positividad, perseverancia y respeto.
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Como profesora de la High Road School de Delaware, un programa individualizado de educación especial cuyo objetivo es reforzar las capacidades académicas, sociales y emocionales, las habilidades laborales y la autoestima de cada alumno, sirvo a una comunidad de jóvenes que comparten un rico espectro de experiencias. Ser profesora de educación especial no era la carrera que había imaginado para mí, pero ahora no puedo imaginarme haciendo otra cosa.
Tras servir en las Fuerzas Aéreas y pasar temporadas en Italia, Guam y el Reino Unido, encontré mi propósito de vuelta en Estados Unidos, trabajando con niños y adolescentes con necesidades especiales. Todo empezó cuando una amiga de mi madre, que dirigía un centro de acogida, me ofreció un trabajo. Mientras trabajaba en este puesto, me sentí atraída por las complejidades y recompensas que conlleva atender a poblaciones con las mayores necesidades.
Esa experiencia me llevó a la High Road School de Delaware, donde comencé a enseñar durante el año escolar 2022-2023. Desde entonces, cada día he aprendido algo nuevo sobre la paciencia, las dinámicas de equipo y la prevención de los desencadenantes del comportamiento.
Mi pasado militar me enseñó a ser independiente y a trabajar en colaboración. He aprendido a pedir ayuda, un aspecto crucial para crear un entorno de apoyo para nuestros alumnos. En mi escuela, nos esforzamos por fomentar un entorno en el que los alumnos se sientan cómodos siendo ellos mismos, sin miedo ni vergüenza.
Me identifico con la incomprensión y el acoso, experiencias que marcaron mis años escolares. Superar la adversidad se convirtió en una fortaleza personal. Soportar el acoso me enseñó resiliencia y autoestima. Para mí es importante crear un espacio acogedor e integrador en el que todos los alumnos se sientan vistos y valorados. Mi misión es ayudarles a superar las barreras.
Juntos, forjamos su éxito futuro.
Mi papel como figura masculina negra también es fundamental, sobre todo para los jóvenes estudiantes que proceden de entornos difíciles. Necesitan ver un espejo de sí mismos que irradie positividad, perseverancia y respeto. Entablamos conversaciones que cuestionan su visión del mundo y les abren vías para expresar sus sentimientos de forma más sana.
Cada día recuerdo que mis reacciones marcan la pauta. Vivo con el ejemplo. Enseño a los niños que podemos romper los estereotipos, superar las expectativas y ser la persona que deseamos ser.
¿Por qué enseño? Porque me encanta ver a la gente triunfar. Como padre de dos niñas pequeñas, entiendo que el acto de enseñar nunca se detiene realmente. Está en la forma en que les guiamos en las tareas cotidianas o en cómo les animamos a alcanzar sus metas. Este trabajo me permite hacer lo que me gusta cada día: fomentar el crecimiento, alentar el aprendizaje y celebrar las pequeñas victorias, como alcanzar un objetivo del IEP.
¿Mi consejo para los nuevos profesores? No se trata solo de lo académico, sino de entender las dificultades de cada alumno y estar ahí para guiarle en todo. Es un viaje y estoy agradecida de formar parte de él.